Ernesto Febbraro, el inventor del “Día del Amigo”

Febbraro analiza la amistad desde un enfoque filosófico, sublimando hasta el infinito ese sentimiento que es primero que cualquier otra forma de relación. Febbraro nació en 1924, en Lomas de Zamora y es miembro del Rotary Club, de hecho, fundó dos sedes de esa Institución, una en San Cristóbal (Buenos Aires) y otra en el Barrio de Once.

Se llama Enrique Ernesto Febbraro, es profesor de psicología, filosofía, historia, es músico y por si fuera poco, odontólogo.

Febbraro nació en 1924, en Lomas de Zamora y es miembro del Rotary Club, de hecho, fundó dos sedes de esa Institución, una en San Cristóbal (Buenos Aires) y otra en el Barrio de Once.
Es un cultor de la amistad y sostiene que los consejos de los amigos son válidos sólo si ayudan a conservar y mejorar la amistad; asimismo considera que es un deber humano tener amigos, empezando uno mismo por ser amigo.

El Día del Amigo

La idea le surgió un 20 de Julio de 1969 mientras, como tantos millones en el mundo miraban ese acontecimiento único en la historia de la humanidad: el hombre llegaba a la Luna. En ese momento, dice, se prometió a sí mismo que ese sería para siempre el Día del Amigo.
Inspirado en la célebre frase del astronauta Neil Armstrong que al pisar la Luna dijo que aquello era “un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad”, mientras escuchaba que ese momento histórico “era un gesto de amistad, desde la humanidad hacía el universo”, decidió que ése sería el día elegido.

Todavía la Nave Apolo 11 estaba en órbita cuando Febbraro, instalado en su consultorio redactó y envió mil cartas a cien países y, a vuelta de correo con 700 respuestas, había quedado fundado el Día del Amigo. Hoy se celebra en unos cien países y esta en la agenda del corazón de los argentinos.

La Amistad

Febbraro analiza la amistad desde un enfoque filosófico, sublimando hasta el infinito ese sentimiento que es primero que cualquier otra forma de relación; antes que un matrimonio o una sociedad comercial. Dice así que “entre un hombre y una mujer siempre subyace el deseo, pero si se lo supera, la amistad prospera. El matrimonio –aunque es una institución que une intereses diversos— siempre llega al minuto donde surge la amistad”.

Entre los docentes y los alumnos también subyace este sentimiento: “Mi amigo es mi maestro, mi discípulo y mi condiscípulo. Él me enseña, yo le enseño. Ambos aprendemos y juntos vamos recorriendo el camino de la vida, creciendo. Sólo el que te ama te ayuda a crecer”.
Su tarea se llevaba a cabo con un lema: “Un pueblo de amigos es una Nación imbatible”, a la vez que destacaban que sería una celebración ética, sin fines de lucro ni de fomento al consumo.

Poco a poco fue logrando su cometido, primero fue el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires que con su decreto Nº 235/79 autorizó la celebración y le dio un marco legal. Luego se fueron sumando distintas entidades y extendiéndose por toda la Argentina y por algunos países de América Latina.